Camino
Al Cielo
En
el Antiguo Testamento el camino al cielo estaba encubierto bajo un manto
de misterio, debido a que en la dispensación Mosaica la ley apenas
servia como un guía para acercar al hombre al Mesías prometido (
Gálatas
3: 23, 24), en el cual podrían encontrar la solución a su
principal problema: el pecado; pues los sacrificios animales nunca podían
quitarlo, sino por el contrario lo recordaban año tras año. Así de
este camino solo se podía ver la sombra pues un velo impedía que se
pudiera ver claramente, pero hoy, bajo la ley de Jesucristo, el velo
puede ser quitado para ver claramente la gloria de Dios (2
Corintios 3: 13 – 16).
El
autor de la carta Hebrea expresa el contraste entre la sombra (el
Antiguo Pacto) y la sustancia misma (La ley de Cristo), describiendo la
forma en que el Camino al Cielo fue develado e invitándonos a seguir
por éste. Ahora pasemos a analizar este mensaje mediante un par de
pasajes de este libro: |
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Hebreos 9: 23 -28
23
Fue,
pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen
purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores
sacrificios que estos. 24
Porque
no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero,
sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 25
y
no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar
Santísimo cada año con sangre ajena. 26
De
otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el
principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se
presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para
quitar de en medio el pecado. 27
Y
de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola
vez, y después de esto el juicio, 28
así
también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de
muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para
salvar a los que le esperan. |
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§
El sacrificio
(v. 23).
Los
sacrificios que se presentaban bajo la Ley de Moisés eran de animales,
lo cual fue adecuado en ese momento y purificaban externamente a los que
se acercaban sinceramente (Hebreos 9: 13). Siendo la sombra de la
verdadera purificación que vino con
un mejor sacrificio: el del mismo Hijo de Dios, quién derramo su propia
sangre (v. 25). §
El Lugar
(v. 24).
Mientras que
los sacrificios de animales se presentaron en un templo hecho por
hombres, el sacrificio de Jesucristo se presento directamente en el
Cielo (Hebreos 9: 11) §
El perdón
(v. 26).
La antigua Ley
daba el conocimiento del pecado pero no podía quitarlo (1
Corintios 3: 20), por lo cual los sacrificios tenían que
repetirse año tras año. De otro lado el sacrificio de Jesucristo fue
perfecto, el de un cordero sin mancha (Hebreos
4: 15) que fue acepto delante de Dios, pagando con su sangre el
precio requerido para redimirnos del pecado (Hebreos
9: 12). §
La Justificación
(v. 27).
Solo tenemos
una oportunidad para alcanzar la justificación, mientras estemos vivos,
después de la muerte ya no hay nada que podamos hacer, estaremos
expuestos al Juicio de Dios, sea para salvación o condenación. Así
que todo depende de lo que hagamos mientras estamos sobre la tierra (2
Corintios 5: 10) §
La segunda
venida (v. 28).
El
sacrificio de Jesucristo fue presentado de una vez para siempre, así
que en su segunda venida será para juicio y solo llevará consigo a los
que hayan aprovechado la justificación ofrecida, por lo cual debemos
valorar el sacrificio que se presentó, para ser justificados y seguir
el camino que El nos dejo, para estar listos cuando El vuelva o seamos
llamados de esta tierra (Hebreos 12: 25) |
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Hebreos
10: 8 – 10
8
Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado
no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la
ley), 9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, Oh Dios, para hacer tu voluntad;
quita lo primero, para establecer esto último. 10
En
esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de
Jesucristo hecha una vez para siempre
Cuando
la ley hubo cumplido con su papel, apareció el Hijo de Dios, quién se
sometió a la voluntad del Padre para poder ofrecer eterna redención,
siendo obediente en todo (Hebreos 5: 8 – 9),
por lo cual era necesario hacer a un lado la antigua Ley
para establecer un nuevo Pacto (Hebreos
8: 6 – 7), en el que se obtiene la santificación (Gálatas
4: 4 – 5). |
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Hebreos
10: 11 – 20
11
Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo
muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los
pecados; 12
pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por
los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13
de
ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por
estrado de sus pies; 14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15
Y
nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber
dicho: 16 Este
es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, 17
añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. 19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, |
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§
El reinado
(v. 11 - 13)
Después de
haber presentando un sacrificio perfecto, como fiel sumo sacerdote,
Jesucristo resucitó y ascendió al cielo para sentarse a la diestra de
Dios y comenzar su reinado (Efesios 1: 20
– 22), señalando el camino para llegar al Cielo. §
La santificación
(v. 14, 17 y 18)
Para poder
seguir el camino de Jesús es necesario la santificación, que se logra
con el perdón de los pecados, pues el sacrificio de Jesucristo hizo
remisión de estos, así que ya no necesitamos mas sacrificios, el ha
dejado el sendero al cielo abierto delante de nosotros, por lo cual
debemos ser santos como Él es Santo (1
Pedro 1: 16).
§
La nueva ley
(v. 15, 16)
El acta de los
decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz (Colosenses
2: 14) y fue traída una nueva Ley: la de La Libertad en Cristo
Jesús (Santiago 1: 25) la cual debe
ser grabada en los corazones, para poder seguir la ruta al cielo.
§
El camino al
cielo (v.
19,20) Ahora el camino al Cielo esta despejado Jesucristo corrió el velo que nos impedía ver el Lugar Santísimo, mediante el holocausto de sí mismo, trazando una vía para alcanzar la eternidad al lado de Dios. El es el único que a recorrido completamente este camino (Juan 3: 13), dándonos esperanza de vida eterna si le seguimos (Juan 14: 6). |
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Hebreos
10: 21 – 20 21
y
teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22
acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23
Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es
el que prometió. 24
Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas
obras; 25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. |
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§
Acerquémonos
(v. 22)
Ya Dios hizo
su parte y es necesario que el hombre haga la suya, lo primero que se
debe hacer es acercarse sinceramente a la Palabra de Jesucristo, con la
fe necesaria para obedecer sus mandamientos (Hebreos
11: 6), con un corazón arrepentido (2
Corintios 7: 9 –10) y siendo Bautizados en agua, confesando su
nombre, para lavar los pecados (Hechos 22:
16). §
Mantengamos
firme
(v.
23). Cuando
nos enrolamos en las filas del Señor, tomamos una decisión para toda
la vida, por lo cual debemos asegurarnos en la Sana Doctrina para no
apartarnos de ella (2 Juan: 9) §
Considerémonos
(v.24,
25) Debemos
entender que aun cuando el camino es estrecho (Mateo
7:14), hay otros que también han emprendido esta travesía que
nos lleva a la vida eterna, así que como nosotros necesitamos estimulo
y apoyo para no desmayar, también debemos estar dispuesto a ofrecer
apoyo a los demás, esta es una de las razones, por las cuales Dios
planeo la Iglesia Local: para poder asociarnos con los fieles y marchar
juntos hacia el Cielo (Hechos 9: 26).
Por lo tanto no debemos
despreciar toda ocasión para reunirnos con los Santos |
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Por Jorge Gaitán |